Sillones que se abren: el respaldo baja, el reposapiés sube y, en los eléctricos, un motor te acompaña también al levantarte. Es el asiento que se compra pensando en las horas que se pasan en él —la lectura, la siesta de después de comer, la tele de la noche— y no en la foto del salón.
Los manuales se accionan con una palanca lateral o empujando con la espalda. Los eléctricos van con mando, y muchos añaden elevación Power Lift, que inclina el sillón hacia delante para poder salir sin apoyarse en nada: es la opción que se busca cuando levantarse de un sofá bajo ya cuesta. Hay modelos giratorios, con cabezal regulable y con cargador USB-C en el lateral.